Tarjeta roja

     Tengo mil cosas que explicarte, que decir, pero me quedé sin estrategias para que aunque sea hagas el intento de escucharme, que tengas el mínimo de intención de entenderme, y no invalidar una vez más mis sentimientos, como claramente siempre lo haces en nuestras discusiones. Es más fácil tratarme de sensible, dramática y exagerada antes que poner un poquito de voluntad de comprender el estado deplorable de esto, que por alguna estúpida razón, seguimos luchando por llamar “relación”.

Así que, tome la decisión de ponerme la camiseta por este equipo, que por lo visto no estás dispuesto a aceptar que está al borde de caer a la B Nacional (o que directamente el club está por quebrar), y exponer mis ideas de una forma que no sea tan complicado para vos.

¿Viste cuándo le explicas a los nenes algo nuevo con dibujos? Bueno, en tu caso, es con fútbol.

Salimos a la cancha con la misma camiseta, el mismo equipo. Éramos nuevos en el club, pero no le teníamos miedo a nada, fuimos todo corazón, confiados y valientes, a comernos quien tengamos en frente.

La primavera nos quedaba perfecta, el clima no podía ser mejor para el partido que teníamos por delante. Nuestro equipo técnico estaba contento con los progresos de nuestro primer mes, el rendimiento fue óptimo y esperan grandes resultados en el torneo. Depositan grandes expectativas en este dúo, y nosotros lejos de achicarnos, nos hicimos gigantes, inmensos.

Los primeros partidos cumplimos con lo que el director técnico y el equipo deseaban. Atacando éramos Lionel Messi por derecha y Ángel Di María por izquierda. Si teníamos la pelota, no le teníamos miedo a nada ni a nadie, era gol.

La hinchada nos alentaba como nunca alentó antes, éramos felices y todos lo notaban. Había una chispa, una conexión que nadie podía negarla. Yo con mi 13 en la espalda me transformaba en una bestia, iba barriendo a uno por uno que se quería pasar de vivo, y vos como delantero, directo al ataque. Un ciclón en su punto de más fuerza, fuerte como el calor de Madrid en agosto, sin miedo a meter el gol, a pasarla y llegar al objetivo.

Pasan los partidos, ya teníamos puntos necesarios para estar tranquilos el resto del torneo, pero igual jugábamos con la misma fuerza e intensidad, la pasión estaba intacta. O eso parecía.

Cuando iba a comenzar la segunda parte del torneo, un agente externo, alguien ajeno a nuestro equipo de jugadores o técnicos, te llegó con promesas, mentiras que tus oídos tuvieron certezas. El dúo imparable fue insignificativo, algo que ya había dejado de tener coherencia en tu mente, y decidiste mentirle a la prensa, al equipo, al club. Decías que estabas concentrado en los partidos que se acercaban, que estabas dando todo para mejorar, cuando la verdad era que estabas firmando contrato para nuestro más grande rival.

El primer partido enfrentados fue el más difícil, porque internamente todo seguía normal entre nosotros. Puertas adentro, ese dúo que tanto amaba la prensa estaba intacto, pero para vos, era muchísimo más importante demostrar que ya no te importaba, que era algo que estaba mas cerca del pasado que de tu presente.

Las noticias de que más clubes te querían en sus equipos de primera no paraban de llegar y eso es lo que más te gusta, sentirte deseado por muchos, porque amas vivir de ese personaje egocéntrico. Amas vivir en una fantasía, cuando en la realidad, yo te esperaba en cada tercer tiempo ansiosa, pero a vos ya no te interesaba. La mirada de afuera era más interesante que la mía.

Tus faltas contra mi eran terribles, no tenías miedo de nada. La brutalidad desmedida, pero premeditada. Tus acciones con fuerza excesiva que violaba cualquier regla del juego que teníamos pactado.  Tu imprudencia era digna de sanción disciplinaria, millones de veces pedí VAR, pedía por favor que revisen, había un error claro y obvio, pero como siempre, te salías con la tuya.

Vos me conoces, no me tiran fácil, yo soy tiro libre rápido y a seguir, no pares mucho el partido porque es perder tiempo. Si no vas a cobrar lo que es justo, no quiero perder mis minutos, yo puedo dar vuelta este resultado, puedo cambiarlo.

Yo puedo cambiarte, volverte el de siempre. Yo puedo hacerte dar cuenta que no importa cuantas faltas cometas, yo siempre me voy a levantar y seguir, porque yo se que no lo haces a propósito. Estás demostrándome que soy fuerte, yo te di la confianza de que no le tengo miedo a este “jueguito imprudente” que estás haciendo, es todo show. Claro que es todo show, si somos un dúo mágico, como nadie vio antes. Somos un dúo único adentro y fuera de la cancha, ¿no?

Bueno, o eso creía. Al comienzo del segundo tiempo me barriste, queriendo defender tu arco, intentando desviar cualquier posible intento de gol, me empujaste. Me hiciste mierda contra el piso, y no te importó. No me cobraron penal, a pesar de estar en el área, porque fue una salvada ingenua de tu parte. Solo fue una tarjeta amarilla para vos, y el alma rota para mí.

Me traicionaste. Esto dejo de ser algo inofensivo, esto realmente era brutalidad, era actuar sin ningún tipo de precaución.

Yo soy tu rival, yo soy la que tiene que perder.

¿Me seguís? ¿Entendes a dónde quiero llegar?

Con esto, con la nueva jugadita tuya, de traer a alguien nuevo al equipo a escondidas a tu casa, nuestra casa, es juego sucio.

Decirme que fuiste a pasear al perro, cuando te fuiste hasta la playa con ese nuevo agente externo (porque aparentemente, hay uno nuevo por mes), fue la acción imprudente necesaria para mi última sanción disciplinaria.

Si, tengo noticias, ahora ya no soy jugadora. Soy árbitro de este partido, ahora yo tomo las decisiones de todo esto, de mi equipo.

Tengo un comunicado que hacerte: luego de un exhaustivo análisis del VAR, hay un incidente grave inadvertido, el cuál resulta en gol, que voy a tener que sancionar. Porque no hay remordimiento alguno, porque el jugador demostró falta de atención, de consideración. Pusiste la integridad física de otro jugador en peligro.

Así que por esto, tomé la decisión de sacar tarjeta amarilla, que se acumula con la anterior.

Esta es tu tarjeta roja, y el final del partido.

Te invito a que te retires de la cancha.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Diez años después

Mar